Vos no sos argentino!

Si hay algo que se ha mantenido, con sorpresiva uniformidad a lo largo del viaje es el conocer mucha gente (en todos los países) que no duda en darnos inmediatamente un certero golpe: «ustedes los argentinos se creen Dios!», o «piensan que son mas grandes que Dios», o «son muy soberbios, ustedes no, pero la mayoría de los que conocí», «se la creen», etc.

Lo primero que se nos viene a la cabeza, al menos a nosotros, es que ver un argentino de turismo, no como viajero, por América, a veces nos da un poco de vergüenza. Un cierto comportamiento de corte «europeo» que resulta chocante, y ese aire de superioridad tan injustificado como incomodo, muchas veces se repite y alimenta el mito. A tal punto que merece una llamada de atención.

Porque sucederá? Nosotros pensamos que la década de los 90 tiene algunas responsabilidades. Fue una época en que el aspiracional argentino apuntaba a Miami, pero con la plata prestada. Parados en ciertas gestas intelectuales (muy anteriores), un derrotero de «descendientes de» pisoteaban la humildad y decencia de los pueblos americanos, con una arrogancia que con cierta complicidad, estos aceptaban. «Son la Francia, la Italia, la España de América» era la reverencia de los países vecinos, que incluso aún hoy se escucha.

Mientras tanto, el pueblo argentino que veía como el delivery (ese gran invento noventista) con pizza y champan no llegaba, seguía en su humilde rutina existencial de creerse del primer mundo, fuera de él.

Esa fiesta, para muchos, duró poco . El dólar le soltó la mano al peso argentino, al que para protegerlo aún más lo encerraron en un Banco. Y después de tanto golpear la puerta del Banco en busca de ahorros y respuestas, el argentino al que también echaron de la fiesta, le tocó la mejor parte: a tocar la puerta del vecino, ahora sí, con humildad.

Del «deme dos», al «tiene algo para darme?», sin escalas.

En la memoria de mucha gente, de todos los países que hemos visitado, permanece ese ejemplo de falsa prosperidad. Que alimenta el mito.

De nuestra parte sentimos que fue el final de un camino. Y nos tocó ser testigos presenciales de esa decadencia. Hoy no tenemos, sino en reductos de nuestro país, esa cuota de humildad y sabiduría con la que los pueblos originarios inundan nuestros países vecinos. Y lo que es peor, esa herencia «europea» del culto por el trabajo, el esfuerzo, la familia, y la humildad que como UNICO equipaje traían nuestros bisabuelos, se perdió vaya a saber en qué fiesta….

Igual, no perdemos el optimismo. Creemos que tenemos con que destacarnos como pueblo, aunque mas no sea empezando por aceptar, humildemente, lo que somos.

Pretender ser gente buena, y humilde, mas que «buena gente». Dejar de reclamar primeros puesto que no nos corresponden, y festejar esos segundos puestos que con tanto esfuerzo se consiguen. Y ojalá cuando volvamos a la ruta, no nos cuenten mas el chiste de Dios y Argentina.

Advertencia. De vez en cuando, respiramos tranquilos. Uno se alegra cuando en una plaza o parque se acerca alguien y te dice «yo les estoy muy agradecido a Argentina, porque allá a mi hijo/a lo recibieron de brazos abiertos, y lo ayudaron en todo…»

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