La multiplicación de los brigadeiros

Tarde de febrero, Sábado, en Boa Vista, al norte del norte de Brasil.

Como parte de la búsqueda de dinero para hacer la expedición en Venezuela al Monte Roraima, habíamos decidido ir a Boa Vista, para vender allí las postales de nuestro viaje, artesanías hechas por nosotros y libros (en español) que veníamos comprando en el periplo rutero.

El análisis de la decisión fue más bien breve y por descarte: en Venezuela no podíamos vender lo que teníamos, por la situación del país y a Colombia no podíamos volver a entrar todavía. Del mismo modo, Brasil «está bien» dijimos, y «son nuestros hermanos!».

Tan breve como fue el análisis fue el resultado. La ciudad de Boa Vista nos desafiaba a buscar alternativas. Nos recordamos que en un momento del viaje, nos habíamos cruzado con unos amigos que nos habían dicho «en Brasil lo que sale es el brigadeiro». Brigadeiro= masa dulce hecha con cacao, y mezclado con leche condensada. Cocción, frio, agregar lluvia de chocolate, bolita, freezer. Un pasaboca riquísimo (pregúntenle a Lau, nunca encaró con tanta devoción un «emprendimiento»). «Éxito garantizado» nos decían. Bueno, tan así no fue. O si?

Ese Sábado teníamos, de 28 brigadeiros que salían por día de producción, 25 todavía sin vender. Mientras Lau, entre administradora y especuladora, hacia cuentas de cuantos mas debíamos vender para cubrir los costos (y comernos los restantes!) y Dani revisaba como se podía volver a Venezuela sin gastar mucho, decidimos que había que ir a ofrecerlos por todo el parque antes que esperar que nos vinieran a comprar.

Lau completó una vuelta, casi sin ventas. Con cierta resignación, me dije «ok, voy a dar una vuelta a ver qué onda».  Caminí unos 100 metros, y lo cierto es que no vendí ninguno. En un momento una chica me pregunta qué eran y casi con un poco de recelo, me compro uno. «Vamos que esto arranca». En ese momento, observe que una pequeña hormiguita «paseaba» por entre los brigadeiros. El temor se apodero de mi, y rápidamente decidí irme a un rincón detrás de un local de venta de hamburguesas a revisar la bandeja en detalle. Mientras comenzaba a hacer esto, veo que vuelve la chica que me había comprado el primer brigadeiro de la noche «Sonamos!, se comió una hormiga!» pense. No, le habían gustado tanto, que quería otro! Revise la bandeja rápidamente (era muy fácil confundir una hormiga con una partícula de la lluvia de chocolates que llevan los brigadeiros) y decidi ofrecerle a la chica que agarre el que le parezca. El calor se apoderaba de mi. Esperaba que cuanto antes se fuera la compradora para terminar con la venta de estos brigadeiros. En ese momento, se acerca un señor, un tanto mayor, que en una mezcla de portugués e italiano me pregunta que vendía, y ante la inacción, la chica le responde «unos riquísimos brigadeiros, tenga, pruebe!» ofreciéndole el recientemente comprado, y pidiéndome otro inmediatamente.

No sabía qué hacer! «Bueno, me voy yendo» parecía decir mi cara. En ese momento Carlo (el italiano) me dice «a ver veni conmigo que si le gustan a mi mujer te compramos». En el camino, entre chocolates y hormigas que (en mi imaginario) se confundían y multiplicaban en la bandeja , me pregunta que a cuanto los vendía, y le dije que a un real cada uno. «Bueno, conta cuantos tenés, y decime cuanto es por todos». «Qué hago?» pensé.

Me convencí que no había hormigas, o al menos no tantas, y le dije que por los 22 le cobraba 20 reales. «Ok, dale» me dijo. Pedí una bolsita en el local y rápidamente, sin mirar mucho los brigadeiros, se los di. Le agradecí el gesto, que de por si era gratificante. Me contó, mientras comía un brigadeiro, que vivía en Italia pero tenía su hija en Boa vista, casada con un militar brasileño. Me preguntó del viaje, de Argentina, y le conté de nuestro periplo por América. Quería conocer y saludar a Lau, y le dije que vendría a saludarlo seguramente. Le volví a agradecer, y entremezclado entre alegría, nervios, vergüenza y temor me despedí.

Cuando Lau me vió llegar no entendía nada. De no vender ninguno en casi 4 horas a vender todos en 20 minutos.

La alegría nos desbordaba, hasta que se convirtió en esa extraña mezcla de vergüenza, picardía y risas cuando le conté el dilema que había tenido con esa/esas hormiga/s que creí ver o mejor, que vi, en la bandeja. Al mismo tiempo, había que ir a saludarlo. «Qué hacemos?», «y anda!, de ultima le pedimos disculpas y le devolvemos la plata.»

Cuando Lau volvió, venia contenta. Ahora era yo el que no entendía nada «y?, se pudrió todo?», atiné a preguntarle. No. No solo nos volvió a felicitar por lo rico que estaban los «hormigobrigadeiros» sino que le pidió a Lau si podíamos hacer 75 para el día siguiente para un evento que tenía en la casa de su hija. Obviamente que la respuesta fue que sí. Compramos los productos que necesitábamos y nos fuimos a cocinar mas brigadeiros para ir bien temprano al otro día a entregarlos.

Nos volvíamos con la satisfacción de haber vencido la frustración y como fortuitamente forzamos que nos vaya bien con la venta de los benditos brigadeiros. Empezamos a planificar como ir al Roraima vendiendo brigadeiros a pedido, o en las escuelas.

Y claro, en el camino dudamos si buscar o no unas hormiguitas para decorarlos. Finalmente nos decidimos por no.

Nota final = Fueron más de 880 brigadeiros que hicimos, vendimos, regalamos (y otros que nos comimos!) en Boa Vista en los más de 20 días que estuvimos allá. Le agradecemos infinitamente a Josy, a su mama, Vania, y a toda la familia que nos prestó la cocina, la heladera, y la casa para que pudiéramos hacer los brigadeiros!!!, y perdón por los primeros que hacíamos (hasta que intervinieron y nos dieron los tips!!!). A todos los que nos compraron  y especialmente a Carlo, que confio en nosotros!!!

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