Los 100 días que me llevo entrar al modo viajero

Te puede llevar un poco menos, o un poco más. Pero, 3 países y unos 100 días de viaje puede ser un buen tiempo de adaptación para cambiar el modo en que ves y sentís un viaje. Al menos eso nos paso a nosotros.

«tengamos cuidado, acá nos pueden robar». Con ese apresurado diagnostico dejamos la feria publica del mercado de frutas y verduras de Valparaíso, donde entre tomates, aguacates, mazorcas y un mar de gente, nos desplazábamos con nuestra Pánfila. Eran los primeros kilómetros en Chile. Y no tuvimos mejor idea que irnos de allí hacia un gran centro Comercial de la ciudad a aparcar el carro y buscar donde comprar algo para almorzar. Pagamos tan caro ese almuerzo, que no dudamos en confirmar que era en este lugar, y no en otro, donde aquel diagnostico se materializaría. Disimulado claro, en la pulcritud, el aire acondicionado y la simpática atención del personal.

Como migras de turista a viajero? Por donde pasa?

Salir de la zona de confort. Una zona que tiene la comodidad de una cama king size, el aroma de un centro comercial y  el aire acondicionado. Pasa por dormir en los asientos del auto, cargar las pilas al rayo del sol y contemplar, sin ningún juicio, tu alrededor.

Despojarse de lo material. Entender que no vales lo que vale aquello que te hace sentir más confortable en medio del caos. Pasar por darte cuenta que podes vivir y ser feliz caminando en el medio de un desierto de sal que te apabulla con su grandeza.

Cambiar el lente. No mirar todo con el mismo lente que una profesion, una vida, una experiencia te dieron. Aprender a mirar con el lente de otro los hechos que a ambos rodea, y descifrar en cada paso un aprendizaje.

Aceptar las cosas como son, porque así son. Para poder aprender y aprehender.

El modo viajero te lleva a incorporar esto como el mejor estilo para navegar en el mundo que empezás a explorar. Interactuar sin títulos, desde el anonimato en una comunidad que te bombardea con aprendizajes.

Ni adaptación, ni utilidad. «De que me sirve?, como lo manejo?» Son preguntas que no podes hacerte si queres vivir el viaje. Las novedades en este mundo que estas explorando son tantas que superan cualquier esfuerzo de catalogación que intentes. No te queda otra que engordar la mochila y guardar todo tal cual lo recibís. No hay resultados esperables, no hay nada. Observa y escucha con más atención. No vayas donde te lo dice la guía. Anda a esos lugares donde «nunca irías». Conversa con aquellas personas que nunca conversarías. Sorpréndete jugando en la calle con desconocidos. Anda al barrio más rico, y al barrio más pobre. Todo te va a llenar espiritualmente y seguramente así, en menos de 100 días, ya nada te va a resultar extraño. No solo eso, vas a disfrutar de ese plato de comida casera hecha en el Mercado Central como si lo estuviera haciendo tu abuela!

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