Melodía al Infinito

Soy millonario, pero comunista». Con esta, quizás ambigua definición, Ángel se me presentó ya mas en confianza luego de haber interrumpido su acto musical callejero. Lo que de algún modo era nuestro objetivo.

Era un 16 de Diciembre y el calor del mediodía, junto a nuestras casi nulas ventas y el ya habitual smog de los ambientalmente despreocupados carros venezolanos, hacían del centro de Mérida un escenario especial para lo que en breve se sucedería. Nos encontrábamos mostrando nuestras artesanías, y trabajando un poco,  cuando un pintoresco personaje de la ciudad, ya otrora veces visto, tomo la decisión de «engordar» el paño (dícese en el arte de la venta callejera a la acción de sumarse a los ya existentes vendedores) con de por sí, irreverentes ofertas tales como un periódico viejo, revistas, libros incompletos, juguetes rotos, y uno que llamaría nuestra posterior atención: una melódica, o flauta de juguete. Compensaba su descuidado aspecto una técnica de ventas un tanto agresiva, pero efectiva,  a tal punto que en menos de 15 minutos llevaba ya vendido el periódico viejo (en 5 BsF.) lo cual produjo un irrefrenable gesto de sorpresa mutua entre nosotros!, pero no se detuvo allí. Agobiado, aburrido, y en pos de incrementar sus ventas (sospechamos) comenzó a ejecutar indescifrables notas musicales con la melódica ante la abierta queja de transeúntes. Esto no era más que un mayor aliciente para elevar el volumen de ejecución, solo interrumpido por insultos que le dedicaba al publico desaprobador.

Bastaron 5 minutos para que concluyéramos, victimariamente, que nada venderíamos si no frenábamos a nuestro vecino, o bien, abandonábamos el lugar. Intente calmar a Lau, pero ella insistía en enfrentar a nuestro personaje en pos de solicitarle que se detenga inmediatamente. Fue entonces que se me ocurrió acercarme y saludarlo con un simple «buen día amigo» situación que facilitó poner en pausa, al menos, la ensordecedora melodía. La siguiente pregunta, intentando ser lo suficientemente interesante para prolongar el momento fue «que es lo que está tocando?» a lo que me respondió » música al infinito, un tema que compuso mi padre…. el era músico, yo no, pero recuerdo un poco las notas de como sonaba….» me dijo.

Acelerar mi siguiente pregunta era necesario para impedir retomara la ejecución. Fue así que nos pusimos a conversar, destacando las virtudes de la música y le observe que, de algún modo, notaba desafinada su ejecución, motivo por el cual muchas personas se quejaban.

Fue allí que Ángel, se tomo una pausa, y sin elaborarlo demasiado me dijo «sabes que pasa pibe?, la gente se queja porque lo hago yo, pero mira todos los carros y buses como contaminan y nadie les dice nada….» En ese momento deduje que la charla con Ángel se pondría aun más interesante.

A unos metros, Lau, ya más tranquila, vendía una mariposa que habíamos hecho en macramé. Ángel me contaba de su realidad patrimonial, la cual contrastaba un poco con su descuidada barba y actitud callejera. Hablamos de Argentina, de Chávez, del comunismo y del capitalismo, mientras en el piso descansaba aquella flauta que minutos antes había desafiado nuestra ira. La gente siguió pasando entre el smog y el calor, ya menos quejosa.

La tarde paso y nos volvimos a La Pánfila a dormir. Nos quedamos pensando si alguien le habrá comprado la melódica a Ángel, y dudando si no la tendríamos que haber comprado para que forme parte de nuestros recuerdos de viaje. Quizás lo mejor fue no comprarla, sino la gente tendría que quejarse de otra cosa.

Menú de cierre