Manaus!!!

Habíamos decidido visitar Manaos, la ciudad insignia del Amazonas brasileño, desde Boa vista, en un modo en que éramos principiantes (en esta aventura): a dedo!, sin La Pánfila.

Un más que exitoso viaje de ida (esperamos solo 20 minutos para conseguir carro, y recorrimos 784 kms en un día) nos alentaba este lluvioso Miércoles, bien temprano, a desandar el camino a Boa Vista con similar éxito. El detalle era que en una ciudad tan grande, debíamos movernos unos 10 kms hacia la ruta, para lograr hacer dedo a los vehículos que iban en dirección a Boa Vista.

De esa forma, la jornada que empezó a las 6 am, solo cuando eran las 7.30 nos permitía estar en  condiciones de empezar a buscar nuestro chofer para regreso. Con pocas provisiones (nuestra inmediata experiencia anterior nos deposito en un excesivo optimismo), el pasar de las horas y las infructuosas gestiones con el dedo pulgar, comenzaban a preocuparnos.

Ni el cartel, ni la buena onda, ni el pensamiento positivo. Además, el calor comenzaba a agobiar y la celeridad con que los camiones y carros nos confirmaban su negativa, no hacía más que desesperanzarnos.

Suerte de novatos?, falta de paciencia? será la ubicación?, estábamos al final de una bajada. La experiencia de Dani, en su infancia, indicaba que en subidas o rectas no paran que era mejor al final de una bajada.

 La tolerancia a la frustración empezaba a jugar. Y nosotros respondimos jugando. Así fue que «adivina la marca» y «adivina el color del próximo carro» eran lo mejor para pasar el rato y limpiar la cabeza. «Como no trajimos el mate!» nos reprochábamos, mientras nos hidratábamos un poco.

La lluviosa mañana se iba y le dejaba el lugar a un húmedo y caluroso mediodía. No teníamos muchas más provisiones que agua y galletitas, y unos pocos reales como para volver a Manaus, o comer. Por la otra mano, enfrente a nosotros y en plena subida un hombre un poco mayor empujaba casi infructuosamente un puñado de restos metálicos distribuidos en un carro de supermercado.

Paró a descansar, y pensamos en ofrecerle un poco de agua y ayuda. Le llevamos una de nuestras botellas llenas y con gusto la recibió, y sin más, se fue siguiendo su camino, al mismo tiempo que nosotros nos lanzábamos a probar suerte con otro camión  que raudamente se perdió en el horizonte.

No transcurrieron más de 15 minutos cuando una camioneta, del servicio penitenciario del Estado de Manaus, proveniente de una prisión a no más de 30 km de donde estábamos, se detuvo un poco más allá de nosotros y dobló hacia nuestra mano. «Sonamos!» dijimos, sospechando de la presencia «policial». El oficial nos llamó, y Dani, con mayor conocimiento del portugués, fue el que se acercó. Le preguntó si ya habían almorzado. Con la vuelta del alma al cuerpo, respondió que no. El chofer abrió la puerta trasera y le dijo «pega duas marmitas aí para voce e para sua senhora«.

Lau, a la distancia, no entendía que pasaba, y recibió con gran alegría la buena noticia. Teníamos almuerzo, y muy rico!

Disfrutamos el descanso, pero la preocupacion volvió a nuestras mentes cuando vimos el reloj y ya eran las 14.30. Es que considerando que el viaje de 784 kms a Boa Vista atraviesa una reserva ambiental e indigena en la que no se puede circular despues de las 18 hs y que el tiempo medio hasta la reserva era de 4 horas, nuestras chances de llegar en el día eran mínimas. «Que vamos a hacer?» pregunto Lau preocupada. Y Dani, mirando a la estación de servicio próxima a la ruta le dijo «dormiremos ahí y mañana seguimos!», medio en broma, medio en serio, era la opción mas factible. Pero, pasaron más autos y camiones, hasta que casi a las 15 un camión con una mudanza paró como a 200 metros de donde estábamos y nos hizo señas de que viniéramos. «No vamos muy rápido, pero vamos a llegar» Nos dijo Marco, nuestro nuevo chofer de viaje. Y así desandamos el camino que a la ida nos había sido tan fácil de lograr. Raudamente en un viejo Mercedes Benz subimos y bajamos cada una de las tantas lomas que tiene el camino mientras Marco nos contaba sus años de viaje por bastos lugares de Brasil y América. Obviamente pudimos cruzar la reserva, con lo justo, bajo un aguacero. Pero nos deparaban mas sorpresas de las buenas.

Cerca de las 21 hs Marco nos dijo, que era hora de descansar: a dormir y mañana se sigue a Boa Vista!. «Y ahora?» en el parador había habitaciones, pero no podíamos pagarlas, si queríamos comer. No le queríamos decir a Marco, para no incomodarlo.

Minutos después vemos como él se va acomodando una red (hamaca) en el costado del camión y nos dice: «ustedes pueden dormir en la cabina, yo estoy más acostumbrado a dormir acá».

Así que fuimos a comprar un poco de comida, nos refrescamos en las duchas de la estación, y nos fuimos a dormir en los asientos del camión, hasta las 5 am cuando volvimos a la ruta, luego de desayunar un cafecito con galletas.

El amanecer en el «sertao» era enmudecedor. Cuanto verde, cuantos paisajes hermosos y nosotros atravesando la carretera. Llevábamos ya 24 horas desde que dejamos Manaus, y aun nos faltaban unas 5 horas para llegar a Boa Vista. Conocimos mucho mas del oficio camionero en el resto del trayecto, y por vuelta de las 13  llegamos al depósito de la empresa para la que Marco trabajaba, a no más de 6 cuadras de la casa de nuestra couchsurfer en Boa Vista.

Mientras caminábamos a la casa, nuevamente nos miramos y en silencio comprendimos que lo que habíamos vivido, y las sensaciones que habíamos pasado serian de las mas lindas de este viaje.

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