Equilibristas de las señales

De todos los relatos que pudimos compilar, y los muchos que nos quedaron, me parecio encontrar estos puntos de contacto. De tantas vivencias, de tantas de cal y de arena, vas sintiendo como necesario lograr el equilibrio, para dejar de conceptualizar en bueno y malo, y pasar a tomarlo como un pasito más en el viaje.

Lo sentimos así. Es que por momentos, cuando parece que todo está bien, que todo va viento en popa, de repente, algo que en nuestros planes y cabeza parecía tan sencillo de lograr, deja de serlo para darte grandes dolores de cabeza.

Es ese momento en el que te relajas y confías en el fluir de las cosas, como una hoja que deja deslizarse por el viento, aparece algo por lo que los músculos se vuelven a tensar, donde parece que todo se va por la borda, aparece mágicamente lo que permite retomar la senda. O es una nueva senda que originalmente no tenias planeada y que ahora ves con absoluta claridad.

También te viene el «correctivo» del otro lado. Cuando todo va mal, y parece que la cosa no puede estar peor, algo sucede y como por arte de magia se soluciona para que toda esa tensión de lugar a grandes sonrisas.

Lo lindo de todo esto es que en estas situaciones límites, las que uno se empecina en denominar «malas», es en donde nuestras lamparitas de creatividad se iluminan y donde la perseverancia y la tranquilidad son las que determinan un nuevo estado de situación donde todo estará mejor. Te preguntas «pero entonces que tuvo de malo?».

Podríamos llamarlas oportunidades de relax, a las «buenas», y oportunidades de acción a las  no tan buenas, no?

 

Lo que notamos en común es que todas estas señales te invitan a la percepción, y a la acción, a partir de lo que sientas. El status quo en el viaje no te está permitido. Rápidamente, debes adoptar un modo nuevo, moverte, ir a la acción, por el protagonista es uno.

De ambos modos, logras el necesario equilibrio que nos hace ir siempre para adelante.

Es ese balanceo el que nos hace aprender de nosotros y de otros, de situaciones, de lugares, de emociones y pasiones, de lo bueno y lo malo, del día y la noche, de lo blanco y de lo negro, de lo frio, de lo caliente y por qué no de lo tibio también.

Alguna vez se dijo: «Cuando el carro avanza, los melones se acomodan».

Porque al fin y al cabo la vida, como este viaje, es un aprendizaje diario, es un camino lleno de señales que debemos sentir, para pasar a la acción.

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