El arte de escuchar (antes)

Boa Vista, y todo Brasil, nos dio, en tan poco tiempo muchas anécdotas para contar, haciendo nuestro paso tan intenso como breve. Y así también vinieron algunos aprendizajes.

La Pánfila necesitaba hacer su revisión de 50000 kilómetros, y se nos ocurrió solicitar el presupuesto en el service oficial de Toyota para todo el Nordeste de Brasil. La idea era saber cuánto saldría el service, y pedir luego algún tipo de descuento o atención comercial que considerarara nuestra situación respecto al viaje.

Era lo único que nos ataba a Brasil, pues ya, mal que mal, teníamos el dinero para hacer la expedición a Roraima (motivo de nuestro paso desde Venezuela a Brasil) y lo cierto era que en Venezuela desconfiábamos del conocimiento de la mecánica diesel (casi todo el parque automotor, incluido de Toyota, es a gasolina), y además, posiblemente no se podrían conseguir repuestos, aceite. etc. De manera que no teníamos muchas alternativas. Apelamos a la buena voluntad del concesionario de Boa Vista.

Una vez que nos cotizaron el presupuesto por el service oficial, hicimos las gestiones pertinentes para que alguien del sector de relaciones institucionales nos acepte la propuesta de canje por publicidad y prensa.

La propuesta la enviamos un día Viernes, y nos pusimos como limite esperar hasta Martes o Miércoles. Asistíamos todos los días a la oficina a la espera de respuestas, que no llegaban.

Un día nos atendió el gerente de la sucursal y nos dijo que veía realmente difícil que se nos pudiera hacer una atención en el mantenimiento, y que nos ofrecía un 25%  si hacíamos el service con ellos.

La verdad es que si gastábamos ese dinero, nos quedábamos sin la expedición al monte Roraima. Dijimos que íbamos a esperar unos días mas a ver si nos respondían de la casa central.  Pero lo cierto es que cada día que pasaba también implicaba para nosotros gastar dinero en estadía y se volvía una trampa: esperar a que nos digan que si, sería lo mejor. Si nos decían que no, perderíamos plata para hacer la excursión. Y el término medio era el 25% ed. descuento que nos habían ofrecido.

Esta situación, que en nuestras realidades nos angustiaba un poco, se sumaba al calor de la ciudad, el cansancio de ir y venir todos los días a las oficinas de la empresa, y la incertidumbre de que no nos respondieran.

Definitivamente, pensábamos, no nos quieren ayudar. Pensamos. Entonces, decidimos el día Jueves que al otro día iríamos a hacer el servicio abonándolo, y dejábamos de lado hacer el Roraima. Sentiamos un poco de bronca de haber hecho tanto esfuerzo en vano. Pero la prioridad era el vehiculo.

Asi, el dia Jueves nos levantamos temprano, ya con la idea de hacer el service para el dia viernes volver a Venezuela. Llegamos a la oficina y pedimos hablar con Xavier lo mas pronto posible. En realidad queriamos darle a entender que no nos parecia el trato que habiamos recibido, de no avisarnos nada, y que queriamos hacer igual el service, pero con el descuento comprometido.

Pensabamos cada palabra que ibamos a decir, para no desesperarnos. Habia sido mucho el esfuerzo realizado en Brasil, y en un minuto lo perderiamos todo por ttener que pagar el mantenimiento.

Xavier bajo de su oficina y nos atendio en la sala de espera de clientes. Comenzamos a hablarle diciendole que nos habia parecido ya un tiempo prudente el que habia pasado. En ese momento nos interrumpe y nos pregunta si habiamos visto el correo que nos habia enviado. Le dijimos que no. Y alli se produjeron las palabras que quizas mas contentos nos han puesto en el viaje cuando de mimar la Panfila se trata » Hay hemos conseguido que la oficina de Refice nos autorice a hacerles la revision normal de manual a cambio de publicidad en el vehiculo». No podiamos ocultar nuestra alegria, nos miramos complicemente porque el dia anterior habiamos hablado y cambiado tantas ideas con respecto a que ibamos a decir que no sabiamos como reaccionar.

Finalmente, todo salio como (menos) lo esperabamos. El viaje nos sorprendia nuevamennte. Todo se acomodaba naturalmente.

Nos fuioms despues de hacer las notas de prensa de rigor. El mimo iba a ser mutuo. Le cargamos los 30 litros que le faltaban a La Panfila con el mejor diesel que habia disponible, y nos compramos una riquisima guarana fresca para festejaren todo…»

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