Ecuador

No vamos a decir nada nuevo: Si tuviéramos que resumir nuestro continente en un pais, si la obligación fuera extraer una muestra de todo lo bello, de todo lo sorprendente de nuestro continente; de su cultura, de su gente, etc;  la carta de presentación, en nuestra opinión, sería Ecuador.

Este país, sorpresivamente uno de los más pequeños, fue el primero en que agotamos casi, nuestro visado: 90 días, que no bastaron para recorrerlo, aún siendo pequeño en cuanto a dimensión, comparado con sus vecinos. Pero, en términos de diversidad cultural, paisajes y vivencias: es el país más densamente maravillador de nuestro continente.

Lo tiene todo: montañas, nieve, desierto, mar, islas, ríos, bosque, jungla, playas, ciudades inmensas, pueblos encantadores, gente hermosamente genuina, todo está valiosamente atesorado entre sus fronteras.

Y por sobre todo, si venís «subiendo» rumbo a Alaska, y destinaste un tiempo de aprendizaje en los países anteriores, te recibe en el momento de mayor exposición a la vida viajera: Ecuador, su gente, su cultura se abren a que vivas una aventura encantadora.

Otros asuntos, menores, se dimensionan especialmente entre viajeros como nosotros: combustible barato, mucha producción de frutas y verduras en mercados de productores, climas casi perfectos y distancias cortas. Un paraíso para los que dormimos en cuatro ruedas.

Fue así que en nuestro 90 días, recorrimos más de 4820 km de rutas, que hay que decirlo, estaban en excelente estado general.

La mochila se nos fue llenando de amigos, viajeros y amistades, en clara sintonía con nuestro grado de apertura a la vivencia de viajar. El ritmo de viaje (planeado para un año), fue encontrando su punto, y ya Alaska parecía quedar, si bien técnicamente más cerca, en un segundo plano.

Nos encontramos sin la necesidad de tener que apuntar hacia el Norte. Sin agendas que marquen días y kilómetros. Un poco más livianos de carga (hasta hicimos una venta de garaje de nuestras cosas en Quito!). Acostarnos sin saber que hacer mañana, disfrutando de conocer gente, otros viajeros, cambiar rumbos y rutas. Ajustar al día.

Nos adentramos a cambiar hábitos. Desayunar frutas. Probar y experimentar nuevos platos. Cambiamos nuestros hábitos de consumo. Visitamos mercados locales, empezamos a encontrar razones para convertir nuestro estilo de vida- Hasta dimos nuestros primeros pasos en el mundo de lo artesanal, como forma de respaldar parte de nuestros gastos.

Nació otro viaje. En  Ecuador, nos adentramos en el estilo de vida que enmarcaría nuestros próximos años.

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