Del problema a la oportunidad hay un peaje de distancia

Pasar buenos momentos, en el viaje (y en la vida) es divertido, y si estas rodeado de amigos (o viajeros) lo es aún más. En cada momento del viaje cruzarte otro carro viajero (nos) provoca una sensación adrenalinica!, de donde serán!?, que viaje estarán haciendo?, porque?, en fin!, infinitas preguntas que se vuelven rutina invalorable del primer encuentro con  otros viajeros.

Al menos así nos pasa a nosotros, que no solo coleccionamos amigos, lugares y anécdotas, sino también, otros viajeros en aventura. Y por suerte hay muchos!, y de todos, como siempre, se aprende!

Hoy les vamos a contar, como introducción a esta anécdota de Mauri y Joky, o «los sapito « (si, sin ESE final) como le decimos cariñosamente nosotros. Es que la parte central de su vida es viajar en ese futuro icono de las rutas americanas (o mundiales?) que es «El Sapito», a saber, el eje central de la anécdota.

 Vamos por partes. El Sapito, alma de rastrojero argento con corazón de Peugeot 504. Es esa la casa rodante de los chicos. Carga sueños, y peso, y,  como los primeros son muchos, se vale (gracias al ingenio de su hacedor) de un tercer eje, que también traerá sus complicaciones.

Los conocimos en Quito, Ecuador, una noche de Julio, en la «casa de los viajeros» como lo es el Parque La Carolina de la ciudad. Viajeros hechos y derechos, con la clara convicción del arte viajero, como modo de vida, artesanos de ley, y por sobre todo personas sumamente cálidas y humanas. Compartiríamos algunos días y rutas en el norte de Ecuador. Nos reencontramos, destino forzado, en Popayán, sur de Colombia, y decidimos recorrer buena parte de este país juntos.

Y como se comparten los lindos momentos, también se deben afrontar las dificultades, y se presentarían en breve. Resulta que en los peajes de Colombia al menos, se utilizan como criterio simplificador la cantidad de ejes, mediante sensores automáticos, como parámetro de peso del vehículo y, por consiguiente, del peso de carro; ergo, del desgaste sobre la carretera. De allí el costo del peaje. Divino. Salvo para El Sapito, que con sus (menos de) apenas 3 ton, pagaría mucho más que un bus con 2 ejes o que un camión volcador! Una terrible injusticia que, la Pánfila y El Sapito dejaron en evidencia en el prime peaje que compartímos en la caravana. Planteamos la que era logico y entendible, haciendo que tras nosotros se formara una larga fila de carros y bocinas. La administración del lugar nos amenazaba con llamar a la policía por obstruir la circulación (en vez de dar  una respuesta al justo reclamo). Luego de 20 minutos decidimos abonar los 10 dólares que «correspondían» (nuestra pánfila pagaba 3). Cuando la indignacion estaba por esfumarse de nuestras mentes, llegamos a otro peaje. Si,  en Colombia los hay en cada limite de provincia, o sea uno cada 100 kms en promedio. Allí otra vez: que el sensor, que no se encuentra el administrador, que si el eje se levantará, etc.

Como era hora de flujo vehicular alto, detuvimos los carros a la vera del peaje. «Si no pasa uno, no pasa ninguno!, dijimos. Nos reunimos en el hall de El SApito a buscar alternativas a este problema que, llevado a todo lo que había por recorrer, era más que preocupante. Allí fue que nos llego la iluminación. Es que a decir verdad, más allá del tercer eje, y la injusticia, si se tuviera el dinero, no sería tan grave.

Por un lado, vimos la cola de casi 500 mts en el peaje, por ser hora pico, de carros. Concluimos que era un buen público para comunicar la situación y buscar, ahí, una fuente de ingresos para afrontar el «extra costo» que se presentaba.

Luego dijimos «Que ofrecer a cambio a las personas que compartían esta indignante situación?»: las postales del viaje que El Sapito tenía en venta.

Así fue como Lau y Joky, con mas determinación, comenzaron a dar  a conocer la injusticia, y obtener, en cuestión de minutos, NO solo el dinero del extra costo, sino de ambos peajes, ante la atónita y por momentos, cómplice, mirada del personal del peaje.

NO les podemos explicar la alegría y satisfacción con la que pagamos ese peaje (y muchos otros, cuando daba la ocasión). Era el triunfo de la rebeldía, de vencer, por al menos unos días, al sistema!

Ese día nos fuimos a dormir con la conclusión de que, como en tantas otras ocasiones, hay que tomar distancia del problema para saber leer la situación e identificar lo más conveniente. Se sucedieron otros tantos peajes        que así resolvimos. En otros, dieron lugar al reclamo.

Lo cierto es que tenemos que agradecer infinitamente tanto a los cientos de conductores anónimos que nos bajaron la ventanilla, nos escucharon y en muchas ocasiones ayudaron. También a los empleados de los diferentes concesionarios, que mas de una vez, nos atendieron y escucharon e hicieron el esfuerzo de intentar darnos una solución.

Después de casi dos meses, en Bogotá, la caravana se separó y el contacto con «los Sapito» siempre esta. La ruta nos volverá a encontrar, seguramente.

PD: la buena noticia es que , luego de perseverar, los chicos han conseguido que El Sapito sea oficialmente tratado como CATEGORIA 1 (vehículo liviano) en Colombia! Bien ahí!, a seguir soñando despiertos. todo…

 

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