Colombianidad al Palo

«Ya desayunaron?», con  esa pregunta la Sra. Antonia golpea insistentemente una de las ventanillas de La Pánfila. Son las 8 am en el parque Benito Juárez de Popayán, bien al sur de Colombia, país en el que llevamos apenas 3 días y ya no nos queremos ir. Dani pone en contacto el carro, baja el cristal del lado de Lau, que intentando peinarse e incorporarse da por respondida la inquietud. «Acá tienen tinto y panecitos, hay para todos»

Es que La Pánfila es la de más reciente arribo, de los 10 viajeros que decoran el apacible barrio y que se rinden ante tanta amabilidad. Y esto recién comienza, nos decimos. Poco a poco se van despertando y a nosotros, que somos nuevos, nos van despabilando los otros «ah, sí, chicos, a ustedes allá los está esperando Fernando en su casa con el desayuno eh?», nos dice Joky, amiga viajera. Sumado a ello, otro vecino se ofende, si!, se ofende de que no hayamos desayunado con él y promete, como venganza, traer hallacas ( ) para el almuerzo. Te llena, no solo el estomago, sino el alma.

Una cordialidad y empatía que se extiende por todo esta hermosa Colombia. Sin excepción. Tanto así, que intentas infructuosamente devolver con algo tanta gratitud, y el efecto es superior: te vuelve mas y mas. Y si te negas (no lo hagas!) estas ofendiendo. Te rendís.

Así sin más, agradeces, y te preguntas porque?, «somos la familia aquí», «pa’ que sigan viajando mijo», «la casa está a la orden» «esto es Colombia», e infinidad de ejercicios justificativos que nacen del corazón y no entienden de razón.

Pero hay razones. Y son aun más emocionantes. No se equivoquen= Esta virtud del pueblo colombiano no obedece a estratos sociales, ni a filantropía o lastima. Es el gen latino, que no conoce de fronteras, que potenciado por la realidad de un pueblo, se muestra en carne y hueso en Colombia. Algunos se apuran en aclararte » Es que cuando mi hij@ estudio allá en Argentina los padres de sus compañero le dieron todo pa’ que no le falte». Y te quedas pensando, «que bueno que al menos por aquellos lares seamos así?». «Es que estamos muy felices y orgullosos que vengan y nos visiten». Fueron muchos años en que se dijeron mentiras, a medias, de lo peligroso que era viajar a Colombia.

Es cierto, no hemos encontrado más gestos de gratitud, mas sonrisas, mas cordialidad que en un día de viaje por Colombia.

Paisas, corronchos, cachacos, y pastusos. todos ellos hacen natural esa fuerza por dejar el pasado de oscuridad y terror, para salir hacia la luz con su resplandor y belleza. recordando, y olvidando, con esfuerzo, y gozando. Haciendo día a día un poco mas de colombianidad para que uno corra el riesgo. Porque, como dicen, el único riesgo en Colombia, es que te quieras quedar.

Nos subimos a La Pánfila y nos rendimos. Apagamos nuestro instinto racional y nos entregamos a recibir esos mimos que te llenan el alma.

Estamos en América, estamos en Colombia. Hacemos camino, un policía nos sonríe, y por enésima vez, un señora le grita a Dani, «eh pibe» (en alusión al Pibe Valderrama).

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