Bolivia

Bolivia es maravillarte. Es natural, crudo. Te brinda la impagable posibilidad de visitar un país en su estado más puro. Como lo son su gente, sus gestos, sus paisajes, y sus actitudes. Bolivia no necesita ni del marketing, ni de una agencia de turismo, ni  de shoppings, ni de cadenas de hamburguesas, para dejarte maravillado. Es así, adentrarte a una verdadera aventura que te va a encantar. Aprovecharlo, antes que irremediablemente se vuelva la moda del turismo, es el mejor TIP que te podríamos dar.

Este, el segundo país visitado del viaje, fue nuestra primera vez en la República Plurinacional de Bolivia.  Estuvimos casi 40 días, y recorrimos más de 3000 kilómetros en este país.

Para ser honestos, nuestras primeras 4 horas dentro de Bolivia, fueron bastante agitadas. Primero nos pidieron una «pequeña colaboración» ya mismo en la frontera, que obviamente no tuvimos muchas opciones diferentes a aceptar. Segundo, a la hora nomas, nos acusaron de haber chocado un auto, lo que nos llevo a un verdadero raid delictivo, bueno no sé si para tanto, y a tener que recurrir a la policía. Y como si eso ya no hubiera sido suficiente, en el primer Peaje, tu vimos que discutir bastante para evitar que nos vuelvan a cobrar un adicional al peaje, en una clara situación de soborno. Era Domingo, y el día no estaba empezando del todo bien. Pero ya en Tupiza, apenas recorridos 100 kilómetros, cambiamos el chip, nos decidimos a disfrutar, calentamos agua para unos mates, compramos alguna panificación casera que ya ni recuerdo, y empezamos a maravillarnos con la increíble naturaleza del sur de Bolivia.

Nos quedamos casi una semana entre Potosí y Uyuni, donde visitamos el Salar. Sin dudas, una maravilla natural de este país.

También en Potosí se registraron dos hechos «anecdóticos» de este viaje: el primero, es que fue el primer mercado central comunal en el que nos sentamos a comer. Y segundo, allí conocimos a los primeros viajeros (Pablo y Mariana), con los cuales compartimos el viaje, una verdadera aventura, para conocer el Salar de Uyuni.

En Sucre, tuvimos la oportunidad de quedarnos en el hotel de la familia de un amigo. Un lugar muy lindo y acogedor, donde pudimos conocer un poco más de las costumbres locales.

Fue desde Sucre, donde después de muchos planes y contra planes, iniciaríamos un verdadero e inesperado viaje, originalmente pensado por unos kilómetros y días, que se transformarían en miles y meses. El plan original fue ofrecer, en la plaza central de Sucre, los dos puestos sobrantes en nuestra camioneta, a los fines de compartir gastos, y aventuras, en el tramo que desde esta ciudad hay que desandar para llegar a La Higuera y Samaipata, un verdadero tramo de poco transito y no tan conocido en los circuitos turísticos. Finalmente, los «afortunados?» compañeros fueron Joan y Emily, de Francia, que no solo se sumaron a ese tramo subastado, sino que después, terminamos compartiendo, además de mate y lecciones de viaje y francés, un montón de nuevos destinos que coincidentemente fuimos diseñando hasta llegar inclusive a la frontera con Perú. Luego habría reencuentro en Lima, Perú con estos nuestros primeros grandes compañeros de aventura.

Para ser honestos, nos quedamos asombrados con los escenarios naturales de Bolivia, que prácticamente nos atraparon a cada paso. Cada camino, aun en estados quizás no ideales para la conducción, eran la invitación a lo desconocido, a conocer un lugar nuevo y sorprendente: cascadas, montañas cerros, nevados, ríos, lagunas, lagos, volcanes, sitios arqueológicos de todo, a cada paso. Y todo en una exuberante virginidad, y ausentes de tanta intervención humana, lo cual para nosotros era aún mas valeroso.

Lo cierto es que nos permitió conocer mucho, y ponernos a prueba en un modo viajero más recursivo. Quizás hubiéramos conocido más si nuestro modo viajero hubiera estado con mayor apertura. Siempre sentimos eso luego de visitar este país. Del mismo modo, las limitaciones a la provisión de combustible, por ser vehículo extranjero (debes conseguir quien te lo provea, o algún local que te lo compre, aparte de pagar un sobre precio), sumada a la no tan buena calidad del combustible (Diesel) , hicieron que no lo disfrutáramos tanto como sería recomendable. Buena excusa para volver, no?

Eso sí, nos quedó más que claro que en Bolivia abundan: la gente solidaria y trabajadora, la tranquilidad del trato sincero y amigable de la mayoría de sus habitantes, muchísimos sitios naturales de interés y magnifica belleza, y la posibilidad de moverse con seguridad en casi todos los lugares que visitamos. De este simple modo, viviendo tu propia experiencia, como siempre, hemos derribado varios mitos o prejuicios que infeliz y rápidamente se hacen «vox populi», muchas veces, de gente que ni siquiera ha visitado el país.

 

Algunos datos un tanto curiosos de Bolivia

Subí al camión: Cuando la visitamos, en 2014, entre los servicios públicos de transportes, podés elegir, ya que existe, la modalidad de transportarte en Camión. Esto no es otra cosa que pagar por viajar en pequeños camiones, parado en la caja de atrás. Sin mayores consideraciones de seguridad, es obviamente el más barato y popular medio de transporte, para moverse en media y larga distancia. Las condiciones, y los resultados, como pueden imaginarse, no son ni por cerca, los ideales. Sin embargo, desde lo cultural, y en lo vinculado con el desarrollo socioeconómico del país, hace de uno de los medios de  transporte público masivo más utilizados.

 

Los niños cantores de La Paz: Seguimos con los medios de transporte. Ahora es el turno de los urbanos. Miles, bueno, o al menos cientos, de pequeños buses, a gasolina muchos de ellos, invaden las principales avenidas de La Paz, a diario, sobre todo en horas tempranas, y por la tarde. Un verdadero caos. Lo curioso o característico, es que, a falta de una aburrida planificación urbana, el mejor método para darse cuenta y responder a la típica pregunta «este me deja¡?»  no es otro que escuchar atentamente, en cada esquina, la oferta de última hora que a viva voz ofrece algún asistente del chofer, desde la puerta de estos pequeños buses. Como si fuera poco para el despelote urbano que implica, estos «ayudantes» son los responsables de «llenar» cuanto antes el bus. Algunos de ellos menores de edad, estos chicos, ante cada parada del bus, vociferan a viva vos e intentan «jalar» gente al bus, inclusive modificando a veces levemente el recorrido o las paradas, con tal de, en la menor cantidad de tiempo posible, llenar el bus y de ese modo, garantizar la venta rápida del bus completo. Muchos de ellos trabajan más de 8 horas arriba del bus. Algunas veces son hijos o familiares del dueño del bus, y varios de ellos ganan un salario que es variable, como comisión directa, de la venta que realicen de pasajes. En algunos casos, inclusive, también gestionan el cobro de pasajes. Un puesto de trabajo que exige, entre otras, buenas dotes de entonación, además de las propias de cualquier vendedor. Lo vimos por primera vez en La Paz pero lo cierto que luego lo volvimos a ver, en menor medida, en otras ciudades grandes de Sudamérica.

Bajame La Soga: Si venís a Bolivia, y manejás tu auto, vas a tener que prestar atención cuando te acerques a las cabinas de peajes. No vas a encontrar la típica barrera automática, ni mucho menos, un pase automático. No, literalmente, vas a tener que pedir que te bajen la soga, una vez que hayas oblado el respectivo canon contractual por el uso de la ruta. Sin mayores contratiempos ni sobresaltos, la soga fácilmente bajará a la superficie de la carretera, y esperará que, con tu cara de asombro, cruces hacia «el otro lado».

Comida de reyes: La Quinua: Sopa de Quinua, nos ofrecieron. De qué? Sí, nuestra experiencia previa con este ancestral grano era cercana a cero. Pero cuando lo probamos, nos encantó!, así que en  cada pueblo del altiplano, cuando visitábamos el Mercado Central, era obligatorio comprar una bolsa de libra de este saludable alimento. Nos volvimos expertos en la quinoa, y nos enteramos, mucho locales nos lo dijeron, mezcla de orgullo y desilusión, que era el alimento de la realeza, luego que fuera introducido en la boda real de Letizia (en España) dentro de los alimentos del agasajo oficial. La cuestión es que, a falta de otras situaciones similares donde el producto una vez popularizado termina exportándose o inclusive produciéndose en otro país, la quinoa tiene su capricho: cuenta la leyenda que solo en las alturas y los climas de nuestro bendecido altiplano es donde esta planta puede sembrarse. Al menos en una, nos queda algo. Eso sí, el precio, hay que buscarlo con cuidado, porque la moda tiene sus efectos en la demanda, y en el precio.

 

El Alto. Todo se vende. Todo: El Alto, si así, en mayúsculas, es, como lo dice, la parte alta de la ciudad de La Paz. ubicado a casi 4150 msnm, se jacta de ser la ciudad a mayor altura del mundo. Y si esto no fuera poco, también, ostenta, extraoficialmente, el mayor mercado callejero del mundo. Ir para El Alto puede ser considerado, para algunos, un riesgo mayor al normal. Más fama que realidad, lo cierto es que los días de «mercado» (ferias populares a lo largo y a lo ancho de al menos un radio de 20 cuadras por 20 cuadras) la ladrillosa ciudad, se viste, desde temprano, con tiendas puestos, ferias y demás, para dar paso al mayor mercado a cielo abierto de Latinoamérica. Que podés encontrar?, en un Mercado que se jacte de tal, obviamente: de todo. Uniformes de la Policía, camionetas importadas, electrodomésticos, maquinas de coser, turbinas de avión, cubiertas,  antigüedades, ropa, grifería, discos, comida, de todo, tanto nuevo, como usado, y sin mayores averiguaciones respecto de su procedencia. Es así. La visita, a nosotros, nos encantó, y nos cansó. Estuvimos casi 9 horas viendo como todo se comercia, como todo se remata al mejor precio sobre la tarde, y alguna que otra corrida o tumulto que no hacen más que darle un toque aun mas característico. Si tenés tiempo, y ganas de asistir, no lo dudes: liviano de objetos, liviano de ropas, y con pocas pretensiones: un combo que te permitirá vivenciar algo al menos un tanto diferente.

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