Austria

Días atrás, en Viena nos propusimos darnos un gustito y tomar un café con torta en el centro. 

El plan era recorrer con las bicis algunos sitios, y cuando viéramos un bar, darnos ese gusto, no tan cotidiano.

Viena tiene, como era de esperar, un encanto edilicio increíble. Los castillos, los edificios e inclusive cada monasterio, están estéticamente acordes en tiempo y espacio desde cada lugar que los recorres. 

Ya casi terminando, luego de visitar la casa en que vivió Mozart por 3 años, y entre callejones que se desandaban caprichosamente hacia el río Danubio, vimos un bar y heladería de vívido color naranja que llamó nuestra atención. 

Con la bici y la carga que llevamos, frenar y combinar nuestros movimientos nos llevó unos 50 metros. Cuando nos detuvimos en la vereda, una pareja, se nos acercó y hablando en una mezcla de italiano, alemán y español, nos preguntaron sorprendidos acerca de nuestro viaje por Europa. 

Luego de charlar sobre ciclismo y ciudades a conocer, ya casi despidiéndonos, Jurgen se volvió y nos dijo: «que tal un gelatto para reponer energías?», «hay aqui cerca uno muy rico, vamos que les invitamos y luego siguen». El bar, era el naranja. Y obvio, no nos resistimos. Lo disfrutamos. Tanto el helado, como el decorrer de la charla.

Al final, con corazón casi maternal, y alma de viajera experta, ella nos sugirió entrelíneas «aprovechen aqui para ir al baño y pedir agua para sus botellas, que somos clientes». En Europa, se respira camaradería en dos ruedas.

Así, retomamos nuestro camino hacia las afueras de Viena, pensando que si, a veces, las anécdotas están entre castillos, precios, frenadas y callejones.

Nuestros primeros 260 kilómetros en Austria han sido maravilladores, y un tanto desafiantes.

Si bien Austria comparte culturalmente mucho con Bavaria, la región alemana que visitamos, se notan sus rasgos distintivos.

En cada pueblo se conserva aún más la herencia bávara. Los castillos y monasterios son aún más antiguos y majestuosos.

Es muy curiosa, hasta antagónica, la relación entre monasterios y patios cerveceros. Si, los monjes fueron los que iniciaron el rito de preparar el brebaje sagrado: la cerveza. Hoy, podes visitar la capilla y después deleitar una cervecita tirada.

Nos da la impresión que todo aquí es aún más cuidado. La gente es un tanto más cálida, y la primavera, en los árboles, se nota.

Han sido un poco desafiantes las montañas (subidas interesantes) y el viento del este, que por un lado garantiza dias de sol, pero nos «regala» viento de frente o lateral. Como la vida misma.

Besos a todos, los queremos. Gracias por leer y alentar.  Rumania allá vamos.

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